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Ayer Martes me desperecé pensando no en el día que tenía por delante, que también, sino en un doce de abril de otro año en el que mi D.N.I. informaba de una edad más temprana. “Es el día de nuestro aniversario, feliz mañana love”, murmuré mientras besaba a mi chica en los ojos aún cerrados. Llevamos ya un poco de tiempo luchando en esta vida, siendo cómplices a diario, peleándonos a veces, reinventándonos siempre,click aqui.

Tras una cuidadosa audición de sus pulmones, constaté que seguían meciéndose a golpes de Vicks Vaporub con rumorosidad de motor Diesel. Conseguí que se quedase un día más en casa, a resguardo, sin viajar al trabajo. Sorprendentemente y por una vez, me hizo caso ;-)).

Soy el dueño de mi tiempo de trabajo, o eso me cuento yo de vez en cuando. Decidí echar unas cuantas horas por la mañana, marcarme una feliz ausencia por la tarde y salir a comer por ahí con ella a mediodía. Después, nos iríamos a cualquier parte, sin rumbo fijo, sin ideas preconcebidas, dejando pasar gozosamente el tiempo hasta que otros pensamientos, los niños, la cena, el jodido perrillo, … nos hiciesen buscar el hogar de nuevo. Hacer sin hacer nada, qué delicia.

Pero la mente del ser humano es impredecible. Cuando llegué a las dos y cuarto a casa, noté que algo había cambiado sutilmente en el ambiente. Mi nena estaba aún en pijama y no tenía trazas de querer salir a comer al exterior. Adiós marisquería, restaurante japonés o vegetariano guapo de turno. Tarde especial, ¿qué pasará con tus horas?

La miré y la entendí en décimas de segundo. La conozco bastante; quizás totalmente algún día. No se encontraba cien por cien recuperada, no podría disfrutar de una buena comida, lo aplazaríamos hasta el Sábado que ya estaría mejor y así ya salimos con los niños. Mejor, ahora comemos algo aquí en casa, que tenemos alguna que otra cosa para las ocasiones. ¿OK? Vale mi amor, lo entiendo. Debemos entendernos, pensé, mientras se me caían los biorritmos al suelo.

Y comimos, y charlamos, y nos reenamoramos otra vez. Una vez más. Y a media tarde me pidió que fuésemos a visitar a sus padres, que con su enfermedad llevaba diez días sin verlos, cuando ella los ve cada dos o tres jornadas. Adiós tarde especial. Volví a comprender. Llevo tiempo comprendiendo. Este es el juego de la vida, y se basa en la comprensión. Y nos fuimos “de visita”.

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